miércoles, 13 de mayo de 2009

Sueño: Alucinando...

Alli estabamos todos. Todos reunidos en la puerta del restaurante. Con todos me refiero a todos. Estaban allí mis compañeros de piso, mi hermana, la gente de clase y hasta la chica rara que se enfada cuando le digo que es rara. Todos sentados alrededor de la mesa. Todos hemos pedido y yo me dirijo al servicio.
Me miro al espejo. "Que extraño..." Sangre. Escupo. Sangre. Me llevo la mano a la boca. Sangre. Un diente. Dos dientes. Caen al lavabo. Mas sangre. Salgo del aseo con las manos sobre la boca. Voy hacia la puerta. "Que nadie me vea. Que vergüenza si me ven" Salgo a la calle. El ruido de los coches, de la gente, de la ciudad en general llega distorsionado.
En mis oidos los sonidos fluctuan entre graves y agudos. Miro a mi alrededor. Las caras de la gente cambian de color. Ahora verde, rojo, azul o morado. La velocidad varia con cada paso que doy. Estoy alucinando.

Me despierto. Edu me riñe por haberme ido la noche anterior. Todos estan muy enfadados. "Lo siento Edu. Estuve alucinando. Creia que se me caian los dientes. Supongo que lo entenderan. Les pedire perdon. Tambien a la chica rara que se enfada cuando le digo que es rara."

martes, 12 de mayo de 2009

He soñado auténtica ciencia ficción...

Viajamos en grupo, nos dirigimos a un campo de trabajo. Desconozco el método de transporte y en qué consiste el curro. Recuerdo conmigo a estas personas: Ana, Keila, Elena, Sara y Lucía. Llegamos a unas instalaciones inmensas en las que nos recogen unos sillones futurísticos (como los de la feria xD). Todo está repleto de gente de muchos tipos. Mayores, jóvenes, así y asá. Los sillones se mueven automáticamente entre la estructura del edificio aséptico y se detienen en una sala parecida a una enfermería. Allí hay "médicos" que van de una en una rellenando fichas personales y sacándonos sangre. A mi me toca la última. Preguntan mi nombre y apellidos asegurándose de escribirlos bien y hacen especial hincapié en mi estatura. Hacen referencia a mi madre con esto y a mi me parece normal. Tienen unos botes grandes que llenan con nuestra sangre. Nos la sacan del cuello, inconprensiblemente. Siento la aguja fría atravesar mis músculos y cómo va saliendo la sangre a mucha presión. Escucho cómo cae en el tarro. No miro.
En ese momento, me doy cuenta de que todas llevamos un uniforme blanco con una insignia. Está acolchado y recubierto con protectores. Tras el chequeo, nos asignan una habitación que compartiremos.
Ya instaladas, Keila, Elena y yo queremos comprar cerveza y algo para cenar. Nos vamos por ahí a indagar y, efectivamente, encontramos una tienda. Estaba llena de gente. En las estanterías aparte de la cerveza embotellada había jarras enooormes con cerveza tostada y negra "quasi congelada" (babaz). Cojo una de negra para Ana y una de tostada para mi. Ellas también cogen otras. Hacemos las imbéciles y la gente se ríe de nosotras. La cajera nos mira y sonríe. Estamos emocionadas como si estuviésemos de vacaciones.
Volviendo a nuestro habitáculo pierdo a Keila y Elena. Intentando llegar me meto por túneles y escaleras laberínticas que me llevan a otras habitaciones y como no llego a la nuestra voy bebiéndome las jarras. Después de mucho tiempo, entro a una habitación individual, pequeña, donde alguien duerme. Procuro atravesarla sin despertarle para salir por otra puerta y de un salto esa persona, síndrome de Down, se despierta y comienza a gritar. Lo miro sin hacer nada. Cierro su puerta con cuidado y ya estoy en nuestra habitación.
Sara está despierta en una mesa de cocina, desayunando. Me acerco, le doy un beso en la frente. Me dice: - ¿pero dónde te has ido de fiesta? Hueles a alcohol, menuda juerga te has pegado... Son las once...- me dice mirando su reloj de mano. Yo sólo me rio y me pongo a hacer café para todas.
A partir de aquí sólo recuerdo que persiguen a nuestro grupo. No sabemos por qué, pero tenemos muy claro que quieren matarnos. Tras nosotras van los jefes, nuestros superiores y de muy mal rollo. Nosotras, queremos salir de ahí como sea y caminamos sin cesar, escondiéndonos como podemos. Hay como una pequeña ciudad llena de callejuelas y parques. Uno de los hijos de puta que nos persigue es calvo, alto, fuerte y tiene los ojos grises. Vemos un coche, él va dentro buscándonos entre la multitud. Al verlo, cojo a Ana y empiezo a besarla contra la pared por si acaso así no nos veían. Después, las demás nos dicen que nos han visto y echamos a correr con ellas. El hombre calvo baja del coche con una especie de doctora (o así me parecía) y corren para alcanzarnos por un callejón. Al atravesarlo los tenemos encima. Doblamos a la derecha y no hay salida. A la izquierda tampoco. Hay unos bancos. El calvo de mierda coge a Keila y entonces Ana y yo nos echamos encima de él, pegándole. Al final, no sé cómo, el calvo y la doctora están atados e inmovilizados sentados en los bancos.
Elena y Sara quieren saber insistentemente por qué nos perseguían y empiezan a interrogarles. No dicen absolutamente nada. No sé por qué pero yo los quería matar a los dos.
Me pongo agresiva, pero sin tocarlos y en un momento de humillación comienzo a tirarle monedas a la cabeza a la supuesta doctora. Al principio no me di cuenta pero cada moneda mataba un poco de su vida. Había que darle en la cabeza, eso sí; si no, no le hacían nada. Como estaba a una distancia considerable no siempre acertaba.
Keila, sin embargo, se quitaba el cordón de sus zapatillas blancas para asfixiar al calvo. Le fue muy difícil, el tio se resistía y le costó como media hora onírica que dejase de moverse, y por tanto, de respirar.
Yo, a todo esto, pedía ayuda a las demás con las monedas. Entonces todas, como si fuese un juego, acertábamos en la cabeza de la "doctora" una y otra vez, y riendo, la matábamos como al calvo.


ash