Sale el sol entre las nubes de agua, aparecen en el cielo esos rayos que se asemejan a algo que tenga que ver con una aparición divina. Me arden las manos, empiezo a sentir los dedos. Las ganas de arrancarle una cana puntiaguda que le sobresale del pelo a la señora que tengo al lado me convierten en la principal sospechosa del asesinato.
Kilómetros y más kilómetros. Conozco el secreto de cada línea de la carretera. Las luces pasan tan deprisa que son hilos iluminados, que cambian de color y mantienen el mundo unido en este preciso momento. La música rebota en mis orejas, cogemos la forma de las curvas, nos mecemos en el asfalto recalentado... Mientras -llevándome las botas a la cabeza- me pregunto: ¿quién lo iba a decir?
Kilómetros y más kilómetros. Conozco el secreto de cada línea de la carretera. Las luces pasan tan deprisa que son hilos iluminados, que cambian de color y mantienen el mundo unido en este preciso momento. La música rebota en mis orejas, cogemos la forma de las curvas, nos mecemos en el asfalto recalentado... Mientras -llevándome las botas a la cabeza- me pregunto: ¿quién lo iba a decir?
Tras el amanecer, todo cambia. Ahora el alcohol retuerce mis intestinos, dejándome seca. ¿Es el sol o es su maldito calor recorriéndome el cuerpo? Desde aquí me llega. Fíjense si atraviesa kilómetros.
Recuerdos y más recuerdos. Ahora es todo tan diferente que no merece la pena profundizar en ellos para embriagarme otra vez más. Pero están ahí; las sensaciones, los olores. En algo deben condicionarnos.
Desaparecen los tic-tacs y todo fluye atemporalemente. La naturaleza, en cada movimiento, nos enseña lecciones. Los sabios forman parte de la tierra que pisas. Por eso me acerco a ella de puntillas y le pellizco el culo, sigilosa. Las visiones que tengo de sus manos rodeándome no aminoran. No me dejan tranquila. Deja de atraparme en un universo que no existe. Aparece de una vez por todas por detrás.
Recuerdos y más recuerdos. Ahora es todo tan diferente que no merece la pena profundizar en ellos para embriagarme otra vez más. Pero están ahí; las sensaciones, los olores. En algo deben condicionarnos.
Desaparecen los tic-tacs y todo fluye atemporalemente. La naturaleza, en cada movimiento, nos enseña lecciones. Los sabios forman parte de la tierra que pisas. Por eso me acerco a ella de puntillas y le pellizco el culo, sigilosa. Las visiones que tengo de sus manos rodeándome no aminoran. No me dejan tranquila. Deja de atraparme en un universo que no existe. Aparece de una vez por todas por detrás.
La 'moralina' nos ha dejado exhaustas. Un fluído beodo de color violeta, fresco. Glo, glo, glo...
Cuando acabamos la botella comenzamos a sentir sus efectos.
Cuando acabamos la botella comenzamos a sentir sus efectos.
Y Dios estaba presente. [jajajajajajaja]
Un elixir acompañado de hierbas celestiales, de concubinas acorralándote entre las calles repletas de genitales salidos. Una estúpida, pequeña, troll, intentando discutirme yo que sé qué. Las patadas de mis palabras en su cara derrumbando ideas. Y el hombre aquel del revólver, iba vestido de blanco impoluto.
¡¿Cómo?! Divertido; presenciar a un pervertido armado, pulcro.
Diario de una indecente.
Parte I
Carnavales. Fecha: irrecordable. Lugar: ideseable.
M'encaaaaantas
ResponderEliminarah no, me encanta el texto, jajaja
quiero verte, quiero unas horicas contigo joder, no es pedir mucho no??!!! avisa con algo de tiempo cuando pienses que quizas bajes tia, jooooder
Que fue de la parte II del Diario de ina indecente
ResponderEliminarQue fue de la parte II del Diario de ina indecente
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