miércoles, 14 de octubre de 2009

Latigazos de tu lengua.

Anoche agarró a "ese cuerpo" cual fusta y comenzó a agitarlo bruscamente contra sí misma. El supuesto mango se le resbalaba ya que "el cuerpo" no dejaba de emanar líquidos, sudores, toxinas que más tarde se evaporaban condensándose contra los cristales de su aposento.
Recuerda una ocasión en la que chillaba: -quiero un aposento, quiero una manta... un lugar donde descansar y todo deje de dar vueltas.- Era una cría.
Araña "ese cuerpo". Quiere asegurarse de que es un instrumento. Será cualquier cosa que desee.
Siente en lo más profundo de su ser que "el cuerpo" es un látigo. La lengua cortante se multiplica en repetidas prolongaciones que rasgan su piel con cada contacto.
No hay nada más contínuo que el intercambio de satisfacción entre cuerpos, instrumentos del placer sin límites. Sublimes estructuras del goce. Instintos animales.
Necesita meterse toda entera dentro de "ese cuerpo". Fluir por todo el organismo, recorrer cada centímetro de sus vísceras, pellizcar cada trozo de su espina dorsal sumergida en su columna vertebral. Será como un viscoso veneno que irá paralizando poco a poco a "el cuerpo". Oscilando de punta a punta en la simetría de su anatomía. Si no puede respirar, hace que "ese cuerpo" se retuerza y emita sonidos guturales. Cada bocanada, susurro y jadeo prolongan su estancia intramuscular en "el cuerpo". Sólo a veces aguanta la respiración para morder más fuerte. Y se crece hiperoxigenando luego.
Desconcierta de mala manera la forma que tiene de transmitir ese -quién sabe-, ese -todo vale- que provoca incertidumbre y una ambigüedad aplastante.
Retuerce, retorcida. Espasmos y reflejos parecidos, similares a los post-mortem. Se acercan a un punto álgido que se sucederá una y otra vez. Espiral intensa y en exceso profunda. Nos encontramos ante infinidad de dimensiones; es momento, ahora, de olvidar cualquier concepto que hayas adquirido anteriormente. Construiremos, elevaremos, algo diferente. (Como decía Jim).
Sigue mordiendo cada vértebra de "ese cuerpo". Se desliza al otro lado, lamiéndole muy cerda el páncreas. De repente abre las piernas y se coloca entre ellas el corazón de "el cuerpo". Le es perturbador el tacto con cada latido, fuerte, de ese tejido, muscular, fibroso, suave y moldeable. Bombea brutalmente y cada vez lo introduce más entre sus muslos. Ansía meterse muy adentro el corazón de "ese cuerpo" al que ha poseído en su inmersión sexual submarina. Desencajada, masturbándose con el órgano vital del cuerpo que ha invadido, tiembla, flota y se desvancece en corrientes electro-orgásmicas.
Imagina que cogen a tu corazón y se lo follan. Siéntelo. Mejor, imagina que después del corazón irán a por tu bulbo raquídeo y así sucesivamente hasta que te follan todos los órganos que nunca, jamás te habían rozado.
Cada vez tiene más claro que "el cuerpo" ya no es el látigo que usó en principio, desde fuera, superficialmente. Si usas un instrumento debes conocer cómo es y funciona por dentro. Y si indagas en ello te das cuenta de que no es un simple objeto, ni un mero instrumento. Es un puto universo colosal en el que todo es posible. Y ni tú, ni nadie, podréis manejarlo. Quizá controlarlo un poco. Pero nunca manejarlo.




asH

1 comentario:

  1. Me encanta como escribes. Es una pasada. Ademas me he inspirado y todo. Jejeje He hecho el dibujillo ese de arriba despues de leerlo. Hacia un monton que no dibujaba nada...

    besetes

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